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Proyecto
de Ley
Busto
en homenaje al ex presidente de Perú
Fernando
Belaunde Terry
Artículo
1°.- Acéptase la donación del busto del Ex -
Presidente de la Republica del Perú, Don Fernando
Belaunde Terry a la Ciudad de Buenos Aires efectuada por
el Congresista Electo Víctor Andrés García Belaunde
con el auspicio de la Embajada de la Republica del
Perú.
Art.
2°.- Emplázase el busto en cuestión en la plaza
Republica del Peru, ubicada en la esquina noroeste de la
Avenida Presidente Figueroa Alcorta y la calle Salguero,
el 28 de Julio de 2006, día en que se conmemora la
fecha patria de la República del Perú.
Art.
3°.- Los gastos que demande el cumplimiento de la
presente serán imputados a la partida correspondiente
del presupuesto asignado a esta Legislatura.
Art.
4°.- Publíquese y cúmplase con lo dispuesto en los
Artículos 89, inc. 3 y 90 de la Constitución de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
FUNDAMENTOS
Señor
Presidente, ponemos a consideración el siguiente
proyecto sobre la aceptación de donación y el
emplazamiento de un busto del Ex Presidente Peruano,
Arq. Fernando Belaunde Terry. El mismo fue donado por el
Congresista peruano Víctor Andrés García Belaunde con
el auspicio de la Embajada de la Republica del Perú.
El
busto a emplazar, realizado en bronce con pátina
marrón oscura de estilo realista académico, es obra
del reconocido escultor peruano Raúl Efraín Franco
Ochoa.
Nacido
en el año 1912 en la ciudad peruana de Arequipa,
Fernando Belaunde Terry es uno de los mayores exponentes
de una clase dirigente académicamente sólida, honesta
y alimentada de fuertes convicciones democráticas.
Licenciado en Arquitectura hacia 1935, el futuro
estadista del Perú dedicó los inicios de su
especialidad profesional a los problemas habitacionales
del pueblo andino, adquiriendo su brillo intelectual una
notoria importancia en los círculos sociales de su
época.
Con
creciente influencia en la vida pública, Belaunde Terry
elevó su voz en reiteradas ocasiones para denunciar los
atropellos de la dictadura del general Manuel Apolinario
Odría Amoretti, que había asumido intempestivamente el
poder en octubre de 1948. En protesta por la
proscripción de su candidatura a presidente para las
elecciones nacionales de 1956, el arquitecto encabezó
en junio de ese año una marcha al Palacio Presidencial,
desafiando los embates de la policía antidisturbios.
Con esta inopinada demostración de coraje cívico,
liderazgo político y oratoria Belaunde Terry aunó tras
de sí multitudinarias voluntades, comenzando a
posicionarse con pie de plomo en el escenario político
peruano. Aunque -tal como lo describe la prensa de aquel
país- "este evento distó mucho del resto de su
trayectoria política, caracterizada por la moralidad,
el legalismo, y un proyecto regenerador y atento a la
buenas maneras".
Autor
de varias obras en las que plasmó su pensamiento
político y social en torno a las reales posibilidades
de su tierra, Belaunde Terry es recordado por su pueblo
como el presidente que se preocupó por el carcomido
tejido social y económico del Perú, al punto de
consumar innumerables visitas a núcleos rurales a lo
largo y ancho del país, a caballo o a pie.
Encargado
de presidir el país en dos períodos (1963-1968 y
1980-1985), Belaunde Terry no claudicó en la
certidumbre de que la democracia es el medio
imprescindible para la convivencia en paz de los
pueblos. Aún cuando fue despojado en 1968 de su cargo
ejecutivo por un golpe de Estado. En 1980, y luego de 12
años de exilio, el arquitecto decidió retornar al
Perú para conducir el partido Acción Popular (AP)
-fundado por él 24 años antes- en la etapa política
que se abría. El 28 de julio de ese año, día de la
independencia del Perú, el septuagenario arquitecto fue
investido por segunda vez con los atributos
presidenciales. Los anales de la historia le reservan
también a Belaunde Terry los laureles por haber sido el
hombre clave en la transición democrática tras la
caída de Alberto Fujimori.
"Elogiado
por correligionarios y oponentes, desalojado del Palacio
de Pizarro por los militares y restituido por el voto
popular, Fernando Belaunde Terry fue uno de los pocos
políticos peruanos que conservó a pesar de todo unas
formas flemáticas y mayestáticas, que reflejaban
ecuanimidad y reflexión pausada", reza un
artículo periodístico publicado al día siguiente de
su fallecimiento, el 4 de junio de 2002. El presidente
Alejandro Toledo decretó entonces tres días de duelo
nacional y el tributo de honras fúnebres.
El
papel del ex mandatario peruano en el conflicto bélico
que nuestro país mantuvo con Gran Bretaña en 1982 en
torno a la soberanía sobre las Islas Malvinas y las
Georgias del Sur fue destacado. Es por su acertada labor
en pos de la unidad regional del continente americano y
su ahínco por alcanzar un acuerdo por vía pacífica
entre las partes beligerantes que la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires y el pueblo argentino todo desean rendirle
el más cálido homenaje al arquitecto Fernando Belaunde
Terry.
Su
valioso respaldo a la República Argentina en esta
conflagración se vio reflejado en el patrocinio que el
Perú proporcionó, junto con otros países hermanos,
ante la Organización de Estados Americanos (OEA) al
reclamo nacional sobre las islas del Atlántico Sur.
Asimismo, se recuerda que Perú y el resto de los
integrantes del Grupo Andino (Venezuela, Colombia,
Ecuador y Bolivia) defendieron "de forma
total" a nuestro país mediante la apertura de sus
fronteras a los productos nacionales, que tenían el
acceso vedado al suelo europeo, en virtud del bloqueo
dispuesto por la Comunidad Económica Europea (CEE) en
abril de 1982.
Fiel
a la concepción de que -tal como afirmó en varias
oportunidades- "provocar una guerra en el
Atlántico Sur constituye un crimen de lesa
humanidad" por parte de la potencia europea, el
estado peruano abogó afanosamente por un acuerdo
diplomático que pusiera fin a las hostilidades entre la
Argentina y el Imperio Británico. Su ardor pacifista se
inmortalizó en las siguientes frases, vertidas en los
momentos previos a la contienda por Malvinas:
-
"Tenemos la firme determinación de no omitir
esfuerzo alguno para contribuir al restablecimiento de
la paz, basada en la justicia".
-
"El propósito de Perú es evitar el derramamiento
de sangre. Actuamos con el mayor sentido de
responsabilidad como miembros de la gran familia
americana".
-
"El Perú es un país tradicionalmente amigo de la
Argentina. Esta es una amistad de ayer, de hoy, y será
de mañana".
Belaunde
Terry fue el único mandatario latinoamericano que puso
a disposición de los gobiernos argentino e inglés un
acuerdo de paz de siete puntos, que proponía en el
primero el inmediato cese de hostilidades. Su
inestimable mediación en el conflicto, auspiciada por
el entonces secretario de Estado norteamericano,
Alexander Haig, se vio interrumpida cuando el fuego
enemigo hundió el crucero General Belgrano, el 3 de
mayo de 1982. Reducido drásticamente el margen para una
solución negociada por Lima, las gestiones de paz
pasaron a manos del entonces Secretario General de la
ONU, Javier Pérez de Cuellar.
Resultó,
asimismo, contundente la condena de Belaunde Terry a la
decisión del gobierno inglés de extender la zona de
guerra 12 millas más allá del contorno de las Islas
Malvinas. "La iniciativa británica constituye un
acto de insania", afirmó el ex presidente. Es de
destacar que bajo su patrocinio, un grupo de médicos
peruanos se apersonaron en la zona de combate para
asistir profesionalmente a los soldados que derramaban
su sangre luchando por la soberanía argentinas sobre
las islas.
"Perú
está dispuesto a apoyar a la Argentina con los recursos
que ella solicite". Tal fue la promesa reiterada
por Belaunde Terry sucesivas veces, de proporcionar
asistencia material a las fuerzas combatientes. La más
que afectuosa frase no fue mera retórica, sino que se
concretó con el posterior envío de aviones, barcos y
otros tantos pertrechos militares durante uno de los
capítulos más dramáticos de la historia argentina del
siglo XX.
Este
tributo no es sólo un acto de homenaje, sino uno de
justicia. Estamos cumpliendo, de esta forma, con una
deuda de gratitud.
Por
todo lo anteriormente expuesto solicito la aprobación
del siguiente proyecto.
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